Durante dos años, el guardaparque Francisco Noriega estuvo registrando algo inusual en el Parque Nacional Alerce Costero (Región de Los Ríos): unas discretas estructuras cilíndricas de color crema a blanquecino que emergían de la hojarasca y el suelo húmedo entre marzo y junio (temporada de otoño e inicio de invierno), para luego desaparecer sin dejar rastro.

Ante el misterio, en 2024 Noriega decidió desenterrar una de estas estructuras en medio de un bosque nativo de alerce, coigüe y podocarpáceas. Encontró que este organismo crecía a 13 centímetros de profundidad, directamente conectado al cuerpo de una larva de mariposa (polilla) enterrada. La muestra fue enviada al Laboratorio de Salud de Bosques de la Universidad Austral de Chile donde, junto a científicos de la Universidad San Sebastián, se realizaron minuciosos análisis morfológicos, genéticos y moleculares.

Este esfuerzo conjunto confirmó un hito para la ciencia: el hallazgo de una especie completamente desconocida llamada Papiliomyces australis. Este "hongo zombi" no solo es nuevo, sino que rompe el paradigma de la distribución geográfica de su tipo al convertirse en el primer miembro de este género descubierto en todo el continente americano, el cual previamente se creía nativo solo de Asia.

Un "hongo zombi" en los bosques templados

A diferencia de las setas comunes que se alimentan de materia orgánica en descomposición (saprófitos), Papiliomyces australis es un hongo entomopatógeno, lo que significa que actúa como un parásito obligado de insectos.

Su ciclo biológico es fascinante y riguroso:

  • Infección subterránea: El hongo ataca específicamente a las larvas de la familia Hepialidae (conocidas comúnmente como polillas fantasma), las cuales viven enterradas en el suelo del bosque.
  • Momificación: Al entrar en contacto con el insecto hospedero, el micelio penetra su cutícula y coloniza su interior consumiendo sus nutrientes vitales, lo que eventualmente causa la muerte de la larva.
  • Estructura de resistencia: El cuerpo del insecto se torna rígido, transformándose en una masa fúngica compactada llamada esclerocio.
  • Fructificación: Desde el cadáver enterrado, el hongo proyecta hacia la superficie estructuras reproductivas de tonalidades crema a blanco-grisáceas (estromas). Estas emergen verticalmente con el único propósito de liberar esporas filiformes al viento y reiniciar su ciclo vital.

¿Por qué este hallazgo importa para la biodiversidad?

Aunque la idea de un hongo que ataca insectos pueda sonar sacada de una historia de suspenso, este mecanismo cumple un rol ecológico fundamental. En la naturaleza, estos parásitos microscópicos funcionan como reguladores biológicos naturales. Al mantener bajo control las poblaciones de larvas subterráneas, evitan que se transformen en plagas capaces de dañar las raíces del bosque nativo, protegiendo así el equilibrio adaptativo del ecosistema valdiviano.

Por otro lado, a nivel científico, el análisis filogenético de su ADN determinó que P. australis constituye una línea evolutiva única y nativa de Sudamérica. Esto cambia radicalmente lo que sabíamos sobre la distribución geográfica de estos organismos, demostrando que los bosques del sur del continente albergan una riqueza biológica inmensa y aún subexplorada.

Publicación Principal: Gallardo-Pillancari, E., Caiafa, M. V., Manriquez, J., Silva-Reyes, P., Noriega, F., González, A., Ruiz, C., & Luz, C. (2026). Papiliomyces australis sp. nov. (Clavicipitaceae), infecting lepidopteran hepialid larvae in temperate forests of southern Chile. Fungal Biology, Volumen 130, Número 5, Artículo 101777.https://doi.org/10.1016/j.funbio.2026.101777