Bajo el suelo que pisamos a diario late el corazón de una inmensa infraestructura biológica que sostiene la vida en la Tierra. Hasta hace poco, su verdadera magnitud y ubicación exacta eran un misterio, pero un histórico estudio publicado recientemente en la revista Science acaba de presentar el primer mapa global de las redes de hongos micorrícicos arbusculares. Estos microscópicos organismos viven en estricta simbiosis con las raíces de aproximadamente el setenta por ciento de las especies vegetales terrestres, actuando como un verdadero sistema circulatorio que intercambia nutrientes y agua por los azúcares que las plantas generan.

Una red de dimensión astronómica

La investigación, impulsada por el investigador Justin Stewart y la científica Toby Kiers, ambos miembros de la Sociedad para la Protección de las Redes Subterráneas (SPUN) y de la Universidad Libre de Ámsterdam, arrojó cifras que desafían nuestra imaginación. A través de miles de muestras de suelo y modelos de inteligencia artificial, calcularon que esta red fúngica subterránea abarca cerca de 110 mil billones de kilómetros. Para dimensionar esta colosal estructura, basta saber que su longitud total equivale a más de 700 veces la distancia que separa a nuestro planeta del Sol.

Aliado invisible contra el cambio climático

Más allá del asombro métrico, este entramado de hifas juega un papel crítico en la salud climática global. Tal como destaca el investigador Luis Larrondo, director del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio), este trabajo permite poner cifras concretas a procesos ecosistémicos invisibles pero fundamentales. Se estima que estas redes capturan anualmente alrededor de mil millones de toneladas de carbono, consolidando a la micología como una pieza clave para mitigar el cambio climático y advirtiendo sobre la urgente necesidad de proteger la biodiversidad de los suelos frente al daño de la agricultura intensiva.

Puedes explorar el mapa interactivo directamente en spun.earth/mapping/a-hidden-infrastructure