Durante mucho tiempo hemos hablado exclusivamente de "flora y fauna" para describir la biodiversidad de nuestros ecosistemas, dejando de lado a un reino fundamental que sostiene la vida en la Tierra: los hongos. Es aquí donde entra el concepto de Funga.
El tercer pilar de la biodiversidad
El término Funga hace referencia al conjunto de especies de hongos y otros organismos afines de una región, hábitat o período geológico particular. Su uso busca posicionar al reino Fungi al mismo nivel de importancia, tal como usamos "flora" para las plantas y "fauna" para los animales.
La necesidad de incorporar este término no es solo lingüística, sino también ecológica. Iniciativas globales, como la campaña de las "3F" (Fauna, Flora, Funga) liderada por la Fundación Fungi, hacen un llamado a reconocer a los hongos como uno de los tres reinos macroscópicos de la vida, indispensables para proteger y restaurar nuestro planeta.
La Funga en Chile: Sostenedores del ecosistema
En Chile, la importancia de la funga es un tema de gran relevancia científica y medioambiental, dado que el país alberga una diversidad micológica impresionante y ecosistemas únicos en el mundo.
Los hongos son verdaderos "sostenedores" de nuestros bosques. Entre sus funciones críticas se encuentran la descomposición de la materia orgánica y el reciclaje de nutrientes vitales que permiten el crecimiento de plantas y árboles.
Nuestro país ha sido pionero a nivel global en la conservación de la funga. Un ejemplo de esta enorme riqueza son las especies endémicas y nativas que destacan por su valor ecológico y cultural. Entre ellas encontramos el Digüeñe (Cyttaria espinosae), asociado históricamente a los bosques nativos; el imponente Loyo (Butyriboletus loyo), una especie de gran tamaño endémica y en peligro; y curiosidades asombrosas como la Mycena luxaustralis, el primer hongo bioluminiscente descrito en Chile.
¿Por qué debemos empezar a hablar de Flora, Fauna y Funga?
Adoptar la palabra Funga en nuestra educación y comunicaciones es el primer paso para su protección. Si los hongos no se nombran, es más difícil conservarlos. Al incluir la funga junto a la fauna y la flora, reconocemos a los grandes interconectores de la naturaleza y ayudamos a garantizar su supervivencia frente a los desafíos climáticos.
Además, el impulso institucional sigue sumando victorias: la reciente incorporación de "Funga" en el Cambridge Dictionary demuestra que el término ya forma parte del lenguaje global reconocido formalmente. Definida como el equivalente micológico de la flora y la fauna, su oficialización lexicográfica refuerza la premisa de que lo que no se nombra no existe, consolidando el marco de las "3F" en la educación, la ciencia y las políticas ambientales a nivel mundial.
